Sábado, 16 Diciembre 2017
Libro IRUÑA inglés

LA SUERTE DE LOS PINTXOS

LA SUERTE DE LOS PINTXOS


Igor Cubillo OJ145

   

 

EL NUEVO ROCANROL

IGOR CUBILLO 
Periodista, economista, equilibrista 
http://loquecomadonmanuel.com

 

 

LA SUERTE DE LOS PINTXOS 

 

Me dispongo a escribir estas líneas tras regresar de León, una ciudad que cuenta con fama de destino gastronómico merced a la tradición de servir tapas gratuitas con cada consumición. Lo mismo con un zurito que con una caña o un señor vino. Uno pide su bebida, hasta bien pasada la medianoche, y le sirven con ella un cuenco de sopa de ajo, una ración de patatas, una albóndiga, un plato de arroz, un poco de morcilla, una porción de pizza, un montón de ensaladilla rusa, unos garbanzos, un bocata de calamares, alitas de pollo, picadillo… Llegado a este punto imagino al lector relamiéndose y pensando “¡qué envidia, me mudo al Barrio Húmedo!”, y me pregunto si habré arrancado como debería la columna, pues lo que quiero trasladar es que el invento está bien para quien no quiera hacer gran desembolso ni destaque precisamente por sus inquietudes gastronómicas, pero no es precisamente la panacea para aquellos que nos cansamos pronto del férreo abecé y la fórmula convenida, para quienes buscamos ser sorprendidos, aunque ello implique pagar un precio. Por eso pienso que en Euskadi somos afortunados de contar con nuestra cultura del pintxo, aunque no nos los regalen. 

Cobrar por él ha permitido que se desarrolle una envidiable y enviada propuesta culinaria. Nuestros pequeños bocados pueden presumir, por norma general, de una variedad, calidad y originalidad inalcanzable en las tradicionales mecas peninsulares de la tapa, pues el aliciente económico ha estimulado la creatividad de nuestros hosteleros honrados. Llevamos ventaja, aunque el horario sea más reducido y nos tengamos que rascar el bolsillo. Es un hecho. Así que no nos lamentemos y pidamos únicamente que el PVP se ajuste a razón. Plaga de langostas u otro castigo divino para quienes manejan precios abusivos, y reticencia ante la rebaja temeraria, pues ésta sólo puede acarrear un inevitable abandono de la calidad y la progresiva conversión de nuestros templos en burdos abrevaderos. Ahí queda el pintxo-pote como adelanto de la que se avecinaría. 

 


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