Lunes, 23 Mayo 2022

VENENO EN TU COPA

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A lo largo de todos estos años al frente de ESSENCIA, han sido unas cuantas las personas que me han transmitido que determinados vinos no les sientan bien. Casualmente todos ellos coinciden con bodegas, o más bien fábricas de vino, de grandes producciones.

Si te preguntaran de qué se compone el vino, ¿qué responderías? Probablemente dirías que de zumo de uva fermentado. Y desde luego que tendrías una buena parte de razón. Sin embargo, debemos saber que la mayor parte de los vinos que se comercializan en el mundo llevan una cantidad importante de aditivos que hacen que esa definición se aleje de la realidad. La Unión Europea permite la adición de unos sesenta compuestos químicos en su elaboración, muchos de ellos conocidos por el prefijo E seguido de un número. Pues bien, todas las bebidas que superen 1’2 grados de alcohol, no están obligadas a indicar estos compuestos en la etiqueta a excepción de tres de ellos: sulfitos, huevo y leche. Esto es debido a las diferentes reacciones alérgicas que estos puedan producir. ¿Y qué pasa con los demás? ¿Acaso no son algunos de ellos nocivos para la salud? ¿Por qué es obligatorio indicarlo en otros productos alimentarios y sin embargo no lo es en el vino o la cerveza? No sé qué pensaréis vosotros, pero yo lo tengo muy claro. Esto es un AUTÉNTICO ENGAÑO AL CONSUMIDOR. 

El programa Kalla fakta de la TV4 sueca, emitió hace no mucho un programa documental titulado Veneno en tu copa, en el que habla de esto precisamente y donde queda demostrado que el ideal de pureza que tiene el vino no es más que un argumento de venta totalmente falso cuando nos referimos a vinos elaborados de manera industrial.

Ojeando el reglamento CE 606/2009, podemos observar una extensa lista de productos permitidos en la producción de vino en una bodega: diclorhidrato de tiamina, bisulfito de amonio, dióxido de azufre, metabisulfito potásico, ácidos (tartárico, metatartárico, málico, láctico, cítrico, ascórbico), tartrato de potasio, carbonato de calcio, dicarbonato de dimetilo, ferrocianuro potásico, manoproteínas, enzimas, lisozima, parafina, goma arábiga, levaduras, bacterias lácticas, taninos, resina de pino carrasco, etc. Un largo etcétera. Y no queda aquí la cosa. A todo esto debemos añadir los productos que se utilizan en el campo, tales como pesticidas, fungicidas, herbicidas, fertilizantes, etc. y que, como imaginaréis, pequeñas cantidades de algunos de ellos es habitual que pasen a la composición del vino. En el anteriormente citado documental, detallan cómo han encontrado, en varios de los vinos más consumidos en el mundo,  pesticidas y otros compuestos derivados de los diferentes tratamientos químicos aplicados. En palabras de Jenny Kreuger, experta en pesticidas de la Universidad de Ciencias Agrícolas de Uppsala “si estos niveles de contaminación en el vino los trasladásemos al agua, no podría denominarse como apta para el consumo humano”. Lógicamente los lobbies del vino, principalmente encabezados por macro bodegas y grandes grupos bodegueros no están interesados en que el consumidor conozca lo que realmente hay dentro de la botella.

A lo largo de todos estos años al frente de ESSENCIA, han sido unas cuantas las personas que me han transmitido que determinados vinos no les sientan bien. Casualmente todos ellos coinciden con bodegas, o más bien fábricas de vino, de grandes producciones. Y es que, muchos de esos compuestos añadidos al vino pueden producir, no sólo reacciones alérgicas sino otros efectos negativos para nuestra salud. A estas personas suelo recomendarles que prueben con vinos naturales o biodinámicos, de pequeños productores, libres de estos aditivos o, en el peor de los casos, en mucha menor cantidad y libres de muchos de ellos. Me diréis que son más caros. Efectivamente lo son -requieren de un mayor trabajo de viticultura y se obtienen rendimientos mucho más bajos- pero a buen seguro serán más caras las consecuencias de seguir por el camino equivocado.

Practicar una agricultura sostenible no es un capricho ni una moda pasajera. Es necesario volver al origen de la agricultura, mucho más respetuosa con el medio, de tal manera que las siguientes generaciones puedan disfrutar también de lo que nos ofrece la naturaleza. En lo que a nuestro ámbito se refiere, es decir, al mundo del vino, trabajar el viñedo de manera sostenible y sin adición de productos químicos, favorece que los vinos adquieran una mayor personalidad y autenticidad. La intervención desmedida del ser humano, rompiendo el equilibrio natural en el viñedo, hace que en la bodega tengamos que ir corrigiendo, con un sinfín de aditivos, los desequilibrios creados en el campo.

Afortunadamente, cada vez son son más los productores que van implantando una filosofía de trabajo más sostenible, conscientes de que no sólo están colaborando a mantener el equilibrio natural sino que, además, sus vinos son mucho mejores y más valorados por el consumidor. En nuestra mano está actuar de manera más responsable en este ámbito, por nuestro bien y el de las futuras generaciones. 

Uno de las bodegas pioneras en el Estado en la elaboración de vinos naturales es Barranco Oscuro, en la granadina Sierra de la Contraviesa, a 1.300 metros de altura. Allí llevan ya 40 años elaborando vinos sin la utilización de ningún tipo de químico. Recientemente han sacado al mercado unas pocas botellas -515 concretamente- de un vino francamente interesante. Elaborado con la uva Pedro Ximénez, se embotelló en 2020 y procede de una solera con inicio en 2016, donde se ha formado velo de flor en algunos momentos del año. Un vino muy original, de nombre XP, muy sabroso y totalmente natural. Tiene un precio de 35 euros y hace unos días nos han llegado unas pocas botellas a ESSENCIA. Recomendable 100%.

Salud!

 

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